La Ganadería y el Cambio Climático – Soluciones Viables (Parte 3)

La industria ganadera ha demostrado no sólo ser una de las más destructivas desarrolladas por el ser humano, sino que daña además el equilibrio climático y todo el ecosistema terrestre. Sus efectos negativos pasan por todos los estratos y además de destruir, también consume recursos vitales para la supervivencia de la raza humana en el planeta. Es por esto que se hace necesario encontrar alternativas sustentables que permitan reemplazar la cría excesiva de ganado, sin comprometer la calidad alimenticia y nivel nutricional que se ha alcanzado con el consumo de proteínas animales.

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La falta de regulaciones a la actividad ganadera parece ser la principal problemática, pues la producción es desmedida y año tras año miles de toneladas de productos de origen animal son destinados a otras actividades o mercados pasada la fecha de caducidad o tras perder la calidad o integridad del producto. Por eso es fácil concluir que existe un exceso de producción y un problema de distribución en la industria. Aun así los consumidores finales tienen opciones para ayudar a subsanar esta problemática.

Dietas Bajas en Proteínas Animales

Al igual que en cualquier mercado, la industria ganadera produce en respuesta a una demanda y su volumen de producción se mantiene, aumenta o disminuye de acuerdo a la demanda del consumidor. Si todas las personas se alimentan con productos de origen animal como carnes, lácteos, embutidos y huevos, el mercado crece para ajustarse a esta demanda. Considerando el aumento de la población mundial este consumo desmedido de productos animales no es sustentable para el ecosistema ni el planeta.

Es necesario, por lo tanto, cambiar el nivel de consumo de carnes y otros productos derivados, un cambio que puede hacerse desde lo individual, bien sea de forma progresiva o absoluta, el reemplazo de productos de origen animal por productos vegetales es una forma clara y contundente de participar en aliviar el calentamiento global.

Las iniciativas vegetarianas han ido progresando rápidamente en la última década conforme los avances médicos y científicos han dado a conocer sus beneficios para la salud y lo sustentable que estas dietas han probado ser para el medio ambiente, sin embargo, al igual que cualquier otra iniciativa han encontrado opositores que han planteado argumentos contra las dietas basadas en productos de origen vegetal, atacando los valores nutricionales y sus efectos negativos en el cuerpo humano a largo plazo.

Vamos a revisar algunos de los argumentos y falacias que utilizan los críticos para engañar al público en general:

1.-  El cuerpo humano necesita proteína animal pues la de origen vegetal no suple sus necesidades.

Este es el punto más controversial y el fuerte de las personas que se oponen a las dietas vegetarianas, según este argumento, el cuerpo humano necesita la proteína animal para subsistir y tener energías para desarrollar cualquier actividad. A esto atribuye las carencias de nutrientes que veganos y vegetarianos han presentado y que normalmente solucionan con suplementos artificiales para regular sus funciones corporales, mientras que los vegetarianos argumentan que dichas proteínas pueden encontrarse en alimentos de origen vegetal. Ambas posiciones están respaldadas por expertos nutricionistas y grandes instituciones de investigación con estudios que aseveran cada posición haciendo de este un enigma para los consumidores que no deciden si retirar la proteína animal de su dieta.

El cuerpo humano necesita de 8 aminoácidos presentes en las proteínas para la regeneración de tejidos, producción de hormonas y catalización de grasas, estos son isoleucina, leucina, lisina, metionina, fenilalanina, treonina, triptófano y valina. Estas, sin embargo, pueden encontrarse fácilmente en alimentos de origen vegetal como legumbres, cereales, frutos secos y semillas, las cuales proporcionan los mismo valores nutricionales encontrados en la proteína animal.

2.- La OMS ha demostrado que la proteína vegetal es de “segunda clase”

Esta afirmación es completamente falsa, en estudios anteriores la OMS realizó un estudio con ratas de laboratorio, alimentados con proteína vegetal para determinar si estas obtienen los nutrientes necesarios. Las ratas sufrieron de varias deficiencias y este estudio es la base para la mayoría de estas afirmaciones, sin embargo los resultados de esta investigación fueron posteriormente descartados por fallos en las condiciones del experimento y hoy en día la OMS recomienda que al menos un 75% de la proteína consumida por los seres humanos sea de origen vegetal, ya que contiene todos los aminoácidos necesarios para el cuerpo y está libre de los aspectos negativos de la proteína animal. Lo importante de la proteína no es su origen sino que ésta contenga los aminoácidos necesarios para el cuerpo de tal forma que no existen proteínas de baja calidad, o de segunda clase, como se argumenta contra la proteína vegetal.

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Fuente: Standing Committee on the Scientific – Food and Nutrition Board

3.- Una dieta vegetariana es muy costosa

El costo de un alimento es generalmente determinado en cada país por su nivel de producción interna e importación, si un producto es producción nacional, tendrá un costo mucho menor, y viceversa, con lo cual aseverar o desmentir este argumento es prácticamente imposible ya que depende la economía de cada país. Sin embargo, de una forma general al analizar las cifras, estas no parecen respaldar este argumento.

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Fuente: Index Mundi (Agosto 2015)
Los alimentos de origen animal son lógicamente más costosos, y la diferencia es considerable, con lo que el costo de la dieta vegetariana es significativamente menor, si bien otros vegetales más exóticos tienen costos más elevados, estos no son los requerimientos básicos de una dieta basada en vegetales, y este mismo argumento podría usarse contra las dietas omnívoras ya que el costo de un corte de carne varía de acuerdo a su calidad, procedencia, alimentación del ganado, y otros factores, muchos países es muy costoso.

Adicionalmente, existe información que confirma que las clases sociales que más tienden a mantener dietas mayormente vegetarianas no son las clases altas, esto, sin embargo sólo puede afirmarse en países desarrollados.

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Fuente: Características de la Población Vegetariana en EEUU – Messina (2001)

Para concluir este punto, es posible afirmar que los argumentos contra una dieta vegetariana no están correctamente fundamentados, y cientos de miles de personas alrededor del globo, pertenecientes a diferentes culturas, clases sociales, con diferentes ritmos de vida y con diferentes requerimientos nutricionales mantienen una alimentación parcial o totalmente vegetariana, sin efectos contraproducentes a su salud, es decir, sin importar las condiciones personales (a excepción de los casos con contraindicación médica), es posible llevar una vida normal y mantener una dieta vegetariana, sin que esta represente una amenaza para la salud o modo de vida.

¿Como contribuyen las dietas veganas a la protección del ambiente?

Como se mencionó anteriormente, el mercado de los alimentos es uno de los más susceptibles al proceso de oferta y demanda, los productores y distribuidores de comida de origen animal tienen el tiempo en su contra para llevar sus productos del matadero a los mercados y posteriormente a la mesa. Por lo tanto, al disminuir el consumo de carnes, los productores se ven necesariamente obligados a disminuir su producción, porque de lo contrario, productos que no sean consumidos, serán pérdidas para la industria.

Se trata de una acción conjunta de asumir la responsabilidad sobre el modo de alimentación que la humanidad lleva hasta ahora y cómo este afecta nuestro ecosistema. Si la industria ganadera pierde un volumen significativo de consumidores, serán también más susceptibles a ser regulados y limitados en sus actividades productivas por parte de las comunidades internacionales, tal como ha sucedido en la última década con las industrias automotrices y de hidrocarburos.

Agricultura y Ganadería Local

El efecto negativo de la ganadería a nivel global se debe en gran parte a que un conglomerado de empresas trasnacionales son las encargadas de manejar la producción masiva de ganado de distintos tipos, proceso que normalmente se lleva a cabo en países de Sudamérica y Asia, para luego destinarlos a mercados en Norteamérica y Europa, utilizando recursos naturales de una zona del planeta y causando graves daños a los ecosistemas locales sin beneficio para la zona misma. Es por ello que aun con iniciativas de recuperación de áreas forestales (lo que requiere una enorme inversión debido a la degradación del suelo producto de la ganadería), los ingresos de la actividad no pasan a la economía local, lo que agrava más la situación y limita las opciones de respuesta.

Del mismo modo la ganadería de talla internacional se hace de manera masiva y acelerada, mediante la implementación de técnicas industriales, el proceso de reproducción y crecimiento del ganado es muy rápido y los mecanismos naturales para equilibrar el desgaste ocasionado por esta actividad, se ven abrumados y no pueden reponer los recursos consumidos por la actividad.

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Una respuesta podría ser la agricultura y ganadería local, con esto empresas locales pueden producir los alimentos necesarios para una región a un volumen exponencialmente menor, pero basados en las necesidades reales de una localidad, evitando la sobreproducción y la explotación desmedida de los recursos naturales, que produce la ganadería a escala global.

Una pequeña granja local puede daría sustento a cada pueblo o ciudad pequeña, en una medida mucho más ajustada a la realidad e implementa las áreas y recursos locales con lo cual no se compromete la seguridad de las áreas tropicales y boscosas que son destruidas año tras año para la producción ganadera. Existen localidades rurales en países desarrollados donde cada familia cría o siembra sus propios alimentos, es una actividad más complicada de desarrollar ya que debido a las diferentes capacidades, disponibilidad de tiempo y capital de cada familia, la carga que genera la actividad resulta más difícil de soportar.  

Esto sin embargo, conlleva un compromiso importante, ya que los costos de producción a baja escala son normalmente mayores pues no existe capital para la automatización de procesos, y muchas de las actividades deben hacerse de forma manual, lo que aumenta los costes y tiempo de producción, pero, por el lado positivo, ese capital está generalmente destinado a mejorar la calidad de la producción pues no se tienen gastos de flete, importación y distribución.

Dietas y desechos del ganado

En lo relacionado al clima, las emisiones de metano producidas por el ganado son la mayor amenaza que presenta la ganadería, la cual está en un máximo histórico debido a la gran cantidad de cabezas de ganado que se crían de manera simultánea, el pésimo manejo de sus desechos y la dieta cargada compuestos proteicos para acelerar su crecimiento y aumento de peso. Esto aumenta la frecuencia en las deposiciones y una mayor emisión de metano en sus desechos. El problema puede atacarse por dos frentes, la dieta del ganado y el apropiado manejo de sus desechos.

La dieta del ganado está generalmente basada en un proceso llamado “engorda” el cual busca el aumento de peso de forma acelerada, alcanzando lo que para el ganadero es un volumen óptimo de 1.9 a 2 kg por día por cada animal, y suele estar compuesta de la siguiente manera; 10 a 12 kg de ración alimenticia por animal, con un máximo de 14% de proteína cruda y 3.2 Mcal de energía metabolizable/kg de materia seca.

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Fuente: Las claves del engorde a corral – INTA Argentina

Esta dieta produce un aumento de ácidos en la sangre del ganado que de no ser controlado puede ocasionar la muerte de los animales, esto se conoce como acidosis, sin embargo, en los casos en los que no muere el ganado, este nivel energético metabolizable exagerado desemboca en una aumento de la actividad digestiva, el cual de por sí es poco eficiente y no puede procesar el alto nivel de calorías en tan poco tiempo, lo que resulta en una producción exagerada de gases intestinales que se convierten en flatulencias o salen junto al desecho orgánico del ganado.

Una dieta más balanceada reduce el tiempo de cría de ganado a un ritmo más natural, no existiría la aceleración metabólica, y disminuiría el nivel de emisiones de CH4 o metano, con lo cual se reduce considerablemente el impacto en la atmósfera. Los valores apropiados alimenticios para cada tipo de ganado son diferentes, por lo cual listarlos todos aquí se hace imposible, sin embargo existen iniciativas web que buscan informar sobre esta temática llamada, ganadería ecológica, con diversos artículos muy interesantes y completamente en español, en el siguiente enlace puedes encontrar uno muy detallado: ganadería ecológica.

La mayor problemática con la ganadería es el velo de secretismo que se cierne sobre sus efectos negativos en el ambiente, esto no solo de parte de las autoridades internacionales, sino también por parte de las propias agrupaciones ambientalistas, quienes, sea por ignorancia o complicidad no desarrollan campañas para dar a conocer esta situación, y centran sus esfuerzos en atacar la industria de hidrocarburos y derivados. Si bien son el petróleo y carbón son responsables de gran parte del daño, no son los únicos culpables y en este caso las actividades de ganadería pasan desapercibidas sin que la población general siquiera se entere del problema.

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Algunos ambientalistas independientes argumentan que al proponer un cambio radical en la alimentación, las organizaciones de lucha por el ambiente se arriesgan a perder un porcentaje considerable de seguidores para los que dejar los productos animales representa un cambio muy radical en su modo de vida, motivo por el cual no se hace un gran hincapié en esta problemática. Esto no es un justificativo válido para mantener a la población desinformada y podría, en caso de ser cierto, calificarse de manipulación.

La información sobre los problemas ambientales es de dominio público y debe distribuirse con la mayor rapidez posible, la concientización es la forma más poderosa para ejercer presión sobre trasnacionales ganaderas y autoridades internacionales para que se establezcan medidas de regulación sobre la actividad y controles de producción. Esto disminuirá su impacto sobre el clima y el medio ambiente en general. Si bien esto supone un gran compromiso y un cambio significativo de la forma de alimentación, es una realidad que debemos afrontar ahora, pues actualmente estamos ante una elección de cambio que ayudará al planeta, en un futuro no muy lejano quizá deje de ser opcional y sea una obligación.